domingo, 29 de noviembre de 2015

Chapitre 4: Amistad irrompible

Cloddete se había ido de su casa con Darrel. No tenía aquello previsto, pues los padres del muchacho no tenían culpa de lo que hicieron los tíos de la adolescente. Aunque haría un gran daño a Darrel si se iba sin él, ambos estaban extrañamente unidos aunque él casi no pudiera hablar.

Primero debía pensar a dónde ir, ya que no tenía otro sitio y debía proteger a su amigo, además de conseguir dinero y trabajo para vivir. Sin embargo ambos querían dormir a esas horas, de modo que Cloddete buscó un sitio por toda París donde establecerse esa noche, aunque todos eran muy caros. Si hubiese ido ella sola una noche si se lo hubiera podido pagar, pero estaba también Darrel, y ella no se esperaba eso.
Hubo un instante en el que los dos se pararon a descansar en un banco de un parque. Darrel se caía de sueño y Cloddete tenía algo de frío, tenía su abrigo guardado en la maleta.
En ese instante se acordó de que tenía la tarjeta de crédito guardada, lo malo era que no podría usarla a la ligera, pues sus tíos podían ver los recibos desde Internet, y podrían averiguar su paradero, pero por otra parte, ellos aun no sabían que ella se había ido, cabía la posibilidad de que pudieran dormir solo en un buen hotel e irse por la mañana.

La adolescente miró a Darrel, quien estaba dando cabezadas, pero ella le dio unos toquecitos en el hombro.

-No te duermas aun, Darrel,-Le dijo ella.-podemos ir a un hotel bueno y descansar esta noche, mañana ya descansados nos iremos a otro pueblo.

El chico ladeó la cabeza sin saber exactamente como lograría quedarse en un hotel, pero por suerte ella se lo iba a explicar.

-Seguro que te estás preguntando cómo lo voy a hacer... Pues le he tomado prestada la tarjeta a la mugrosa de mi tía y podemos hacerle un derroche enorme hoy e irnos rápido por la mañana antes de que sepa que alguien la utilizó. De modo que utilizaremos la tarjeta para urgencias, lo demás lo pagaremos con nuestro dinero, que de momento tenemos cien euros.

Darrel asintió casi inexpresivo y con timidez señaló hacia una calle luminosa. Él conocía un lugar en el que había ido con su familia a una boda y había un hotel de tres estrellas.

-¿Qué me quieres decir Darrel?-Preguntaba confusa Cloddete, no siempre sabía que estaba tratando de decir su amigo.

Nuevamente señalaba la calle y se levantó tirando de la joven para que le siguiese hasta allí.

-¡Está bien! ¡Está bien! Vamos hacia allí...

Ella cogió las dos maletas y pusieron rumbo hacia aquella calle que señalaba el chico.

Caminaron un poco hasta que llegaron a la calle, y allí había una gran entrada de un hotel.
Cloddete se sorprendió y sonrió entrando con el chico. Al entrar vio frente a ella un gran salón decorado con tonalidades rojas y grises, y al fondo de la sala un elegante mostrador con un hombre que se encontraba sentado en una silla tras este, ordenando unos papeles.

-Buenas noches, ¿qué dese....?-Dijo el hombre, aunque no acabó su frase pues reconoció a la famosa chica.-Usted es la señorita Crêprouge, ¿no es cierto?

-Sí, lo soy...-Contestó Cloddete, suspirando.-¿Podría darme una habitación para mi y para mi amigo?

-Oh, por supuesto, pero... Déjeme preguntarle; ¿por qué está usted aquí y sin escolta?

-Lo cierto es que hemos huído de nuestras casas por que no vivo en muy buenas condiciones, nadie sabe que yo estoy aquí, le rogaría discreción...

-De acuerdo señorita.

-¿Cuánto cuesta una habitación más desayuno?

-Unos cuarenta y cinco euros por persona, si son dos en una habitación con dos desayunos les saldría en total unos 90 euros, pero por ser usted y un invitado se lo bajaremos a ochenta, y si piden a recepción durante esta noche alguna cosa será por cuenta de la casa, ¿le parece?

-Está bien, muchas gracias, de verdad.

Cloddete sonrió, ser famosa tenía sus cosas buenas, pero también habría muchas horribles...

El recepcionista le dio una tarjeta con el número siete y otro hombre cogió sus maletas, acompañándoles a su habitación. Subieron hasta el cuarto piso, que era donde estaba su cuarto y al llegar el hombre les abrió la puerta y les ayudó con las maletas. Acto seguido este les deseó buenas noches y se marchó.

Se acomodaron los dos chicos en sus camas. Cloddete sacó su pijama y lo estiró sobre la cama para ponérselo, pero miró a Darrel: Él estaba quieto frente a su cama sin saber que hacer, le incomodaba estar en una cama que no era la suya.

-¿Qué te pasa ahora Darrel?-Preguntó Cloddete a su amigo.-Puedes dormir cuando quieras... ¿Tienes vergüenza de cambiarte delante de mi?

El chico negó y sacó su pijama de la maleta haciendo lo mismo.

-¿Quieres que te ayude?

-N-No...-Susurró él mirándola y se quitó el abrigo y el jersey solo, quedando con el torso desnudo.

Cloddete se fijó en que él estaba fuerte, no mucho, pero estaba marcado.

-Vaya, ¿haces ejercicio?-Volvía a preguntar la adolescente, quitándose la boina y el jersey.

-Cuando... Estoy solo... Suelo...-Contestó Darrel, quien parecía empezar a hablar más, pero a la vez miraba al suelo para no ver a Cloddete en sujetador.

-Darrel... ¡Estás hablando cada vez con más soltura!-Decía ilusionada ella.-Y me encanta que hagas ejercicio por ti mismo.

-Si...-Él no la volvió a mirar e intentó quitarse los pantalones.

Sonriendo, Cloddete le miraba, no se acostumbraba a verle tan grande, pues él ya tenía catorce años y le conoció con 8, y nunca había hablado tanto seguido como en esa noche. Algo estaba haciendo que si autismo se curara, lenta pero fructíferamente.
Los padres de Darrel creían que cuando se hiciera mayor se le pasaría, no tenía una cura específica, debía seguir un tratamiento, pero no se lo podían permitir, era demasiado caro. No les quedó otra más que esperar a que su hijo creciera y se le fuera pasando.

Tras ponerse los pijamas, ambos decidieron pedir algo para cenar y después de comer bastante se durmieron, habían tenído una ajetreada noche.

Continuará...