Tras su cena, Cloddete se fue a acostar. Fue pura suerte que sus tíos la dejaran comer y dormir antes de acabar la canción, por fin podía descansar, aunque solo fuesen cinco horas, pues ya habían hecho las cuatro de la mañana.
Emil y Madelaine se durmieron pronto como ceporros en el sofá del salón gracias a su pequeño coma etílico, y Cloddete quiso aprovechar eso.
No podía más, solo pensar que debía levantarse un puñetero domingo a las nueve de la mañana para firmar a niñas y niños obsesionados con ella la hacía agobiarse bastante. El nivel de estrés que tenía Cloddete era enorme, no podía con su alma, y el hecho de ser famosa y no poder disfrutar de ello la estaba volviendo loca, hasta tal punto que, tras pensar detenidamente esa noche, dio con la solución; escaparse.
Al ver que sus tíos dormían y no tenían pinta de levantarse en mucho rato, se dirigió con cuidado a la caja fuerte de la casa, pero para su mala suerte estaba cerrada, y necesitaba dinero para sobrevivir fuera si deseaba marcharse de allí. Madelaine solía poner en la caja fuerte su tarjeta de crédito y varios fajos de billetes para que su marido no tuviese la idea de robarle nada para el bingo y las apuestas en carreras de caballos, y solo ella conocía la contraseña, sin embargo Cloddete sabía donde escondía su tía la clave escrita para cuando la olvidaba, y se hallaba en la habitación de sus tíos.
Ya que la habitación estaba vacía aprovechó para adentrarse en ella, pues en un joyero Madelaine guardaba el papel con la clave escrita en él.
Rebuscó con cuidado de no hacer ruido ni desordenar nada, hasta que encontró el joyero en uno de los cajones de la cómoda, muy oculto entre sus sujetadores.
Abrió la rojiza y aperlada cajita cuadrada y de entre las joyas sacó el papel con unos números que memorizó. Después dejó todo en su sitio como si no hubiese ocurrido nada y se dirigió a la caja fuerte.
Ya allí con cuidado puso los númenos correspondientes en la caja y la abrió intentando no hacer ruido.
De allí sacó la tarjeta de crédito de su tía y un fajo de billetes de cien euros, ella por fin estaría libre, y con ese dinero quizá empezaba de cero.
La cerró tambien con cautela y se dirigió a su cuarto cogiendo una maleta de mano no muy grande para meter algunas prendas y cosas preciadas. Cogió unas mudas, ropa y unas zapatillas, aunque no sabía lo que le podría pasar.
Por si acaso cogió su móvil, que no tenía internet ni saldo ni nada, pero que podría serle útil en el futuro, también el cargador y una cámara.
Cogió unas cosas de aseo del baño y al llegar de nuevo al salón y ver a sus tíos roncando en el sofá dio un gruñido.
-Au revoir, hijos de puta...-Susurró y se fue por la puerta rápido.
Bajó las escaleras a prisa, estaba atacada de los nervios, no se creía lo que estaba haciendo, pero era lo mejor a seguir ahí soportando malos tratos por trabajo.
Al pasar por el primer piso vio a Darrel parado en la puerta de su propia casa, al verla se quedó mirándola fijamente.
-Darrel...-Dijo en tono bajo al ver al chico con ropa normal en vez de llevar el pijama a esas horas.-¿Qué haces aquí?
Él, por su problema no podía contestale, solo la miraba un tanto tembloroso, pero Cloddete en su lugar se dedicó a intentar hacerle expresarse.
-Mira... Me he ido de casa de mis tíos, no podía más...-Decía sollozando un poco.-Me tengo que ir muy lejos de aquí, y será triste no poder volver a a verte, pero te juro que vendré a visitarte si puedo...
La chica no lo sabía, pero Darrel se estaba disgustando bastante y empezó a temblar más aun, apretó los puños y empezó a darse golpes contra el pecho de Cloddete.
-¡Darrel Darrel!-Exclamó aun en tono bajo, deteniendo a su vecino.-Puede que para ti sea doloroso, pero debo hacerlo, si no seguiré malviviendo con esa gente... ¿Tú lo sabes verdad? Se que puedes oirlo.
Asintió el chico muy levemente, como podía, muy adentro quería irse con ella, ya que por si mismo no era capaz de pensar y en su casa no hacían mucho por él tampoco. Agarró la mano libre de Cloddete, porque en la otra llevaba su bolsa con sus cosas.
-Y-yo...-Dijo él como buenamente podía, seguramente era la primera cosa que decía en mucho tiempo, si es que hablaba alguna vez.-C-con...tigo...
Por lo que entendía ella, Darrel quería acompañarla.
-Si lo que quieres decirme es que quieres venir conmigo lo siento, esto es muy arriesgado, y tú tienes una familia que te quiere, no puedes irte sin más, vendré a verte, te lo juro.
Darrel negó violentamente y se abrazó a Cloddete. Ella, sorprendida, también le abrazó y le miró a los ojos.
-No tienes maleta ni nada hecho, tus padres se darían cuenta si entro y te la hago, porque dudo que tú solo vayas a hacerlo.
Sin decir nada, él entró en la casa despacio sin hacer ruido. Por lo general, por las noches trasteaba cuando no podía dormir, y sus padres eran conscientes de que no se podía estar quieto, así que no era problema lo del ruido, lo malo era que Cloddete no lo sabía, aun así le siguió con mucho silencio hasta su cuarto.
Al entrar allí, Cloddete se quedó fascinada con todos los cacharros y cosas raras que tenía Darrel ahí, incluso los tubos esos que hizo con clips y rollos de papel higiénico y de cocina. Después puso la mirada en el chico, que ya había cogido una mini maleta de ruedas y metió en ella algo de ropa, una cartera, una foto de un peluche, el peluche, unas zapatillas y unas cuantas cosas raras como una caja de chinchetas, pot-sits, una agenda, bolis y lápices.
Ella miró todo lo raro que había cogido, pero se olvidó de cosas importantes como una bolsa de aseo o un móvil para contactar, mas cabía la posibilidad de que tuviera números en la agenda.
-Darrel, coge un cepillo de dientes o algo.-Le recordó en bajo ella.
-S-si...-Fue al baño corriendo haciendo mucho ruido, Cloddete por si acaso se escondió en el armario y Darrel cogió en el baño un cepillo, un desodorante y una colonia.
Aunque sin que él ni Cloddete lo esperaran, una voz salió de la habitación de los padres de Darrel.
-¿Darrel? ¿Cariño?-Preguntaba la madre saliendo de ella en bata.
Él echó el pestillo del baño para que no le viera vestido ni con la maleta, pero no respondió.
-Si estás bien dale un golpe a la puerta, si te ocurre algo da dos.-Pidió la madre, Darrel solía hacer también trastadas en el baño, o cuando lo usaba a media noche también hacía esas cosas.
Para demostrar que estaba bien dio un golpe como le dijeron.
-Vale mi amor, si te ocurre algo ya sabes, aprieta el botón, pero hazlo, no queremos que te pase como la otra vez...
-Va...-Dijo él con una voz temblorosa.
-Descansa cielo.-La madre volvió a su habitación bostezando y cerró su puerta.
El joven tiró de la cadena como si hubiera hecho algo y salió de allí volviendo con Cloddete, que seguía en el armario.
-Clo...-Susurró él, ya que no podía verla y se asustó un poco, sin embargo ella salió y le acarició el pelo.
-Tranquilo Darrel, no me iré sin ti.-Le respondió en bajo y le ayudó con la maleta.
Finalmente los dos salieron de la casa sin hacer ruido y abandonaron el edificio saliendo a la calle en la oscura noche.
Continuará!
Emil y Madelaine se durmieron pronto como ceporros en el sofá del salón gracias a su pequeño coma etílico, y Cloddete quiso aprovechar eso.
No podía más, solo pensar que debía levantarse un puñetero domingo a las nueve de la mañana para firmar a niñas y niños obsesionados con ella la hacía agobiarse bastante. El nivel de estrés que tenía Cloddete era enorme, no podía con su alma, y el hecho de ser famosa y no poder disfrutar de ello la estaba volviendo loca, hasta tal punto que, tras pensar detenidamente esa noche, dio con la solución; escaparse.
Al ver que sus tíos dormían y no tenían pinta de levantarse en mucho rato, se dirigió con cuidado a la caja fuerte de la casa, pero para su mala suerte estaba cerrada, y necesitaba dinero para sobrevivir fuera si deseaba marcharse de allí. Madelaine solía poner en la caja fuerte su tarjeta de crédito y varios fajos de billetes para que su marido no tuviese la idea de robarle nada para el bingo y las apuestas en carreras de caballos, y solo ella conocía la contraseña, sin embargo Cloddete sabía donde escondía su tía la clave escrita para cuando la olvidaba, y se hallaba en la habitación de sus tíos.
Ya que la habitación estaba vacía aprovechó para adentrarse en ella, pues en un joyero Madelaine guardaba el papel con la clave escrita en él.
Rebuscó con cuidado de no hacer ruido ni desordenar nada, hasta que encontró el joyero en uno de los cajones de la cómoda, muy oculto entre sus sujetadores.
Abrió la rojiza y aperlada cajita cuadrada y de entre las joyas sacó el papel con unos números que memorizó. Después dejó todo en su sitio como si no hubiese ocurrido nada y se dirigió a la caja fuerte.
Ya allí con cuidado puso los númenos correspondientes en la caja y la abrió intentando no hacer ruido.
De allí sacó la tarjeta de crédito de su tía y un fajo de billetes de cien euros, ella por fin estaría libre, y con ese dinero quizá empezaba de cero.
La cerró tambien con cautela y se dirigió a su cuarto cogiendo una maleta de mano no muy grande para meter algunas prendas y cosas preciadas. Cogió unas mudas, ropa y unas zapatillas, aunque no sabía lo que le podría pasar.
Por si acaso cogió su móvil, que no tenía internet ni saldo ni nada, pero que podría serle útil en el futuro, también el cargador y una cámara.
Cogió unas cosas de aseo del baño y al llegar de nuevo al salón y ver a sus tíos roncando en el sofá dio un gruñido.
-Au revoir, hijos de puta...-Susurró y se fue por la puerta rápido.
Bajó las escaleras a prisa, estaba atacada de los nervios, no se creía lo que estaba haciendo, pero era lo mejor a seguir ahí soportando malos tratos por trabajo.
Al pasar por el primer piso vio a Darrel parado en la puerta de su propia casa, al verla se quedó mirándola fijamente.
-Darrel...-Dijo en tono bajo al ver al chico con ropa normal en vez de llevar el pijama a esas horas.-¿Qué haces aquí?
Él, por su problema no podía contestale, solo la miraba un tanto tembloroso, pero Cloddete en su lugar se dedicó a intentar hacerle expresarse.
-Mira... Me he ido de casa de mis tíos, no podía más...-Decía sollozando un poco.-Me tengo que ir muy lejos de aquí, y será triste no poder volver a a verte, pero te juro que vendré a visitarte si puedo...
La chica no lo sabía, pero Darrel se estaba disgustando bastante y empezó a temblar más aun, apretó los puños y empezó a darse golpes contra el pecho de Cloddete.
-¡Darrel Darrel!-Exclamó aun en tono bajo, deteniendo a su vecino.-Puede que para ti sea doloroso, pero debo hacerlo, si no seguiré malviviendo con esa gente... ¿Tú lo sabes verdad? Se que puedes oirlo.
Asintió el chico muy levemente, como podía, muy adentro quería irse con ella, ya que por si mismo no era capaz de pensar y en su casa no hacían mucho por él tampoco. Agarró la mano libre de Cloddete, porque en la otra llevaba su bolsa con sus cosas.
-Y-yo...-Dijo él como buenamente podía, seguramente era la primera cosa que decía en mucho tiempo, si es que hablaba alguna vez.-C-con...tigo...
Por lo que entendía ella, Darrel quería acompañarla.
-Si lo que quieres decirme es que quieres venir conmigo lo siento, esto es muy arriesgado, y tú tienes una familia que te quiere, no puedes irte sin más, vendré a verte, te lo juro.
Darrel negó violentamente y se abrazó a Cloddete. Ella, sorprendida, también le abrazó y le miró a los ojos.
-No tienes maleta ni nada hecho, tus padres se darían cuenta si entro y te la hago, porque dudo que tú solo vayas a hacerlo.
Sin decir nada, él entró en la casa despacio sin hacer ruido. Por lo general, por las noches trasteaba cuando no podía dormir, y sus padres eran conscientes de que no se podía estar quieto, así que no era problema lo del ruido, lo malo era que Cloddete no lo sabía, aun así le siguió con mucho silencio hasta su cuarto.
Al entrar allí, Cloddete se quedó fascinada con todos los cacharros y cosas raras que tenía Darrel ahí, incluso los tubos esos que hizo con clips y rollos de papel higiénico y de cocina. Después puso la mirada en el chico, que ya había cogido una mini maleta de ruedas y metió en ella algo de ropa, una cartera, una foto de un peluche, el peluche, unas zapatillas y unas cuantas cosas raras como una caja de chinchetas, pot-sits, una agenda, bolis y lápices.
Ella miró todo lo raro que había cogido, pero se olvidó de cosas importantes como una bolsa de aseo o un móvil para contactar, mas cabía la posibilidad de que tuviera números en la agenda.
-Darrel, coge un cepillo de dientes o algo.-Le recordó en bajo ella.
-S-si...-Fue al baño corriendo haciendo mucho ruido, Cloddete por si acaso se escondió en el armario y Darrel cogió en el baño un cepillo, un desodorante y una colonia.
Aunque sin que él ni Cloddete lo esperaran, una voz salió de la habitación de los padres de Darrel.
-¿Darrel? ¿Cariño?-Preguntaba la madre saliendo de ella en bata.
Él echó el pestillo del baño para que no le viera vestido ni con la maleta, pero no respondió.
-Si estás bien dale un golpe a la puerta, si te ocurre algo da dos.-Pidió la madre, Darrel solía hacer también trastadas en el baño, o cuando lo usaba a media noche también hacía esas cosas.
Para demostrar que estaba bien dio un golpe como le dijeron.
-Vale mi amor, si te ocurre algo ya sabes, aprieta el botón, pero hazlo, no queremos que te pase como la otra vez...
-Va...-Dijo él con una voz temblorosa.
-Descansa cielo.-La madre volvió a su habitación bostezando y cerró su puerta.
El joven tiró de la cadena como si hubiera hecho algo y salió de allí volviendo con Cloddete, que seguía en el armario.
-Clo...-Susurró él, ya que no podía verla y se asustó un poco, sin embargo ella salió y le acarició el pelo.
-Tranquilo Darrel, no me iré sin ti.-Le respondió en bajo y le ayudó con la maleta.
Finalmente los dos salieron de la casa sin hacer ruido y abandonaron el edificio saliendo a la calle en la oscura noche.
Continuará!
Así se hace, Cloddete.
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